La democracia puede ser comparada con el sistema operativo de la sociedad. Para quienes no estén al tanto, un sistema operativo, como por ejemplo Windows, es un programa que le dice a una computadora como debe comportarse, que puede y que no puede hacer, y pone las reglas que deben seguir los demás programas que quieran correr en esa computadora.
En las sociedades democráticas occidentales contemporáneas, hubo una primera versión, a la que voy a llamar Democracia 1.0, que no fue otra cosa que lo que se conoce como democracia representativa, que como indica su nombre, tenía (y tiene) como característica principal el que las personas esparcidas a lo largo y ancho de un territorio fueran representadas por una o más personas en la toma de decisiones que afectaban a todos.
Pasó el tiempo, la humanidad siguió su camino evolutivo y en un punto determinado surge una nueva versión del sistema democrático, Democracia 2.0, conocida comúnmente como democracia participativa. Es una versión más actualizada que toma en cuenta el deseo de las personas de participar más activamente en la toma de decisiones colectivas y en la puesta en práctica de las mismas, pero sin desechar la representatividad. Algunas reglas cambian y leyes y constituciones se reacomodan para reflejar estos cambios.
El planeta siguió girando cada vez más rápido, en sentido figurado, claro, la globalización se hizo presente, el mundo se tornó más pequeño y la vida más dinámica, más cambiante. La sociedad no sabía como manejar las nuevas situaciones que enfrentaba a diario y ese no saber generaba tensiones, crisis y conflictos por donde se mirase. El sistema operativo social se colgaba a cada momento y había que "reiniciar la máquina" repetidamente. En ese contexto altamente volátil nace la Democracia 3.0 conocida también como democracia profunda y nace como el paso evolutivo más obvio dadas las circunstancias. De la misma manera que la democracia participativa tomó forma para permitir la participación de la mayor cantidad posible de personas en la toma de decisiones, la democracia profunda toma forma para incluír no solo los diferentes puntos de vista y opiniones sobre cualquier tema, sino también los diferentes estados emocionales y de consciencia existentes sobre cualquier tema, algo que las versiones anteriores no tomaban en cuenta. Arnold Mindell y un extraordinario equipo de colaboradores diseñan toda una metodología para llevar a la práctica esta nueva forma de ver las cosas y a la que llamaron Trabajo de Procesos, la cual evolucionó y años más tarde originó el nacimiento de otra metodología a la que llamaron Trabajo Global concebida esta vez para trabajar con grupos grandes.
De la misma forma que un ser humano crece y se desarrolla y pasa de niño a adolescente a adulto, cada versión del sistema democrático evoluciona y se vuelve más inclusiva y expansiva que la anterior. En democracia profunda se internaliza la democracia y más que tener democracia, los individuos son democráticos (del verbo Ser Democrático). Se comienza a ser democrático en pensamiento y sentimiento, la democracia deja de ser algo externo y se convierte en una forma de ser, lo cual en mi opinión es el mayor legado de la democracia profunda.
La democracia profunda no desecha la representación ni la participación. Su campo de acción es otro y lo que hace es expandirse para darle cabida dentro de si a esas otras visiones de mundo y estados del Ser. No reprime ni margina, al contrario, es profundamente inclusiva y permite que las personas puedan expresarse libremente sin miedo al ridículo ni al castigo. Cuando la gente puede expresarse de esa manera, la interacción con los demás se hace más auténtica y verdadera y en consecuencia el tejido social se torna más fuerte y flexible a la vez. La democracia profunda es altamente sostenible porque trabaja directamente con el núcleo social: el ser humano en toda su maravillosa complejidad. Del ser humano parte todo lo demás, y si cuidamos a ese ser, si le damos la atención y cuidados que requiere en forma integral, no puedo ni imaginarme como será la versión 4.0.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
Término acuñado en 1988 por Arnold Mindell, es un paradigma psico-socio-político donde nada de lo humano nos es ajeno. Es prestar atención a lo que sucede dentro y fuera de nosotros mismos. Es ir más allá de la dictadura de las mayorías (o minorías) y realmente escuchar todas las voces y estados de conciencia presentes porque solo en esa medida es posible entender el proceso del sistema social como un todo integrado e interconectado.
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sábado, 5 de diciembre de 2009
martes, 1 de diciembre de 2009
Aqui se Hace lo Que Digo Yo y Punto!
Palabras más, palabras menos, las palabras del título reflejan una actitud que se repite en muchos contextos, en el entorno familiar, en el trabajo, con los amigos, en los grupos a los que pertenecemos, en la dirigencia de un país y en tantos otros. Esa actitud a la que voy a llamar el Dictador, es también un rol y lo que sigue a continuación es una pequeña explicación de como la Democracia Profunda y el Trabajo de Procesos abordan al Dictador en cuestión.
Un rol es una máscara, un disfraz, un personaje, como los personajes de las películas, que nos ponemos o actuamos dependiendo de la situación en que estemos. Los tipos de roles presentes en cualquier grupo humano dependen del campo sicológico grupal. El campo sicológico es más fácil entenderlo si lo comparamos al campo magnético de un imán que atrae o repele las cosas dependiendo de su polaridad. Los campos se forman de las creencias, pensamientos y deseos ocultos y manifiestos de las personas que lo integran y al igual que los campos magnéticos, son invisibles aunque es totalmente posible sentirlos. Si alguna vez fueron a un lugar y sintieron la atmósfera de ese lugar como tensa o relajada, entonces ya saben a lo que me refiero.
Todo campo necesita expresarse y de hecho lo hace a través de los roles. Quien interpreta cada rol dependerá de la sicología individual de cada persona del grupo, pero lo importante es que es el campo el que determina los roles que serán interpretados. No todos los campos generan el rol del Dictador porque no todos los grupos humanos abierta o de manera oculta creen en o desean uno. Esto significa que cuando el Dictador está presente es porque el mismo grupo a través de sus creencias, pensamientos y deseos conscientes e inconscientes creó las condiciones idóneas para que el campo forzozamente buscase expresarse a través del rol del Dictador.
El rol del Dictador y de hecho, todos los roles, toman forma y se hacen presentes para que interactúen entre si y de esa manera satisfacer la necesidad primaria que los creó, solo que no siempre la gente está consciente de lo que sucede y muchas veces se llega a una calle ciega y el juego se tranca, que es otra forma de decir que aparecen los conflictos, las crisis y las tensiones, o en términos taoístas, el Chi deja de fluir.
Lo primero que se necesita para comenzar a procesar las tensiones que aparecen y destrancar el juego es tomar responsabilidad por la situación tal como está. Tomar plena consciencia de la coparticipación y cocreación de la situación es el primer paso y de esa manera el Dictador podrá ser visto como una creación colectiva, que quizás en un momento tuvo sentido, pero que tal vez ya no lo tenga porque los campos están continuamente cambiando sencillamente porque los pensamientos y deseos colectivos también cambian constantemente. Otro paso es tomar consciencia de los roles que están siendo interpretados y dejarlos expresarse plenamente. Es absolutamente necesario encontrar el espacio de diálogo para que todos los roles presentes en el campo se expresen abiertamente, para que manifiesten no solo lo que piensan, sino lo que sienten también, y esto es primordial. La Democracia Profunda es por definición inclusiva y eso significa que tanto el Dictador como todos los demás roles que lo afectan y a los que afecta, deben necesariamente estar representados y ser escuchados.
¿Hay roles que se niegan a morir? No creo; los roles dependen enteramente de los campos y así como el polo positivo de un imán repele las cargas positivas, si el campo grupal no incluye algún determinado rol, este sencillamente no aparecerá o si ya existe, dejará de existir en su debido momento.
Un rol es una máscara, un disfraz, un personaje, como los personajes de las películas, que nos ponemos o actuamos dependiendo de la situación en que estemos. Los tipos de roles presentes en cualquier grupo humano dependen del campo sicológico grupal. El campo sicológico es más fácil entenderlo si lo comparamos al campo magnético de un imán que atrae o repele las cosas dependiendo de su polaridad. Los campos se forman de las creencias, pensamientos y deseos ocultos y manifiestos de las personas que lo integran y al igual que los campos magnéticos, son invisibles aunque es totalmente posible sentirlos. Si alguna vez fueron a un lugar y sintieron la atmósfera de ese lugar como tensa o relajada, entonces ya saben a lo que me refiero.
Todo campo necesita expresarse y de hecho lo hace a través de los roles. Quien interpreta cada rol dependerá de la sicología individual de cada persona del grupo, pero lo importante es que es el campo el que determina los roles que serán interpretados. No todos los campos generan el rol del Dictador porque no todos los grupos humanos abierta o de manera oculta creen en o desean uno. Esto significa que cuando el Dictador está presente es porque el mismo grupo a través de sus creencias, pensamientos y deseos conscientes e inconscientes creó las condiciones idóneas para que el campo forzozamente buscase expresarse a través del rol del Dictador.
El rol del Dictador y de hecho, todos los roles, toman forma y se hacen presentes para que interactúen entre si y de esa manera satisfacer la necesidad primaria que los creó, solo que no siempre la gente está consciente de lo que sucede y muchas veces se llega a una calle ciega y el juego se tranca, que es otra forma de decir que aparecen los conflictos, las crisis y las tensiones, o en términos taoístas, el Chi deja de fluir.
Lo primero que se necesita para comenzar a procesar las tensiones que aparecen y destrancar el juego es tomar responsabilidad por la situación tal como está. Tomar plena consciencia de la coparticipación y cocreación de la situación es el primer paso y de esa manera el Dictador podrá ser visto como una creación colectiva, que quizás en un momento tuvo sentido, pero que tal vez ya no lo tenga porque los campos están continuamente cambiando sencillamente porque los pensamientos y deseos colectivos también cambian constantemente. Otro paso es tomar consciencia de los roles que están siendo interpretados y dejarlos expresarse plenamente. Es absolutamente necesario encontrar el espacio de diálogo para que todos los roles presentes en el campo se expresen abiertamente, para que manifiesten no solo lo que piensan, sino lo que sienten también, y esto es primordial. La Democracia Profunda es por definición inclusiva y eso significa que tanto el Dictador como todos los demás roles que lo afectan y a los que afecta, deben necesariamente estar representados y ser escuchados.
¿Hay roles que se niegan a morir? No creo; los roles dependen enteramente de los campos y así como el polo positivo de un imán repele las cargas positivas, si el campo grupal no incluye algún determinado rol, este sencillamente no aparecerá o si ya existe, dejará de existir en su debido momento.
POSTDATA: Uno de los mayores retos que tenemos es poder observar a través del velo de los roles y realmente ver a los seres humanos que los encarnan, porque a pesar de las apariencias, un ser humano no es los roles que actúa. Es como si fuésemos a una fiesta de disfraces sin saber que estamos en una fiesta de disfraces y creer que los personajes que vemos son reales. Muchas veces, el diálogo entre roles es un diálogo entre sordos, pero cuando somos capaces de comunicarnos sin los roles o máscaras que nos definen, ocurren milagros y la vida adquiere otro color y textura, más suave, menos áspera. Inténtalo, ¿quién eres realmente sin las máscaras que te pones a diario?
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
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martes, 18 de agosto de 2009
El Dolor de la Fragmentación
La mayoría de las personas viven vidas fragmentadas. De hecho, la mayoría de las personas creen firmemente que están separados los unos de los otros y de todo lo que los rodea. Es una forma de entender la vida, un paradigma que surgió en algún momento de la historia humana cuando el pensamiento analítico imperó sobre el pensamiento holístico. Sin embargo, intentar entender la vida y sus procesos analizándolo todo es una forma bastante certera de fragmentarse y si esa fragmentación dura lo suficiente, entonces aparece el dolor, un dolor existencial de desamparo y soledad, de miedo frente a la magnitud del mundo allá fuera en comparación con nuestra propia pequeñez. Es un dolor que varía en intensidad de persona a persona y de momento a momento, a veces incluso pareciera desaparecer para regresar luego con más fuerza que antes.
Los conflictos son una consecuencia natural de ese dolor, asi como el deseo incontrolable de controlar tanto la vida propia como las de los demás. En un estado así se vuelve casi necesario controlar los actos, pensamientos, sentimientos y emociones, propios y ajenos. Se incluyen unos y se marginan otros en un acto desesperado para mitigar el dolor de sentirse vulnerable e indefenso ante lo que sucede en un mundo percibido como básicamente hostil y que pone en peligro la continuidad de la existencia propia. Y asi, algunas personas intentarán controlar a los demás, y otros intentarán controlarse a si mismos, tal vez para complacer a los primeros, o para pasar desapercibidos. De hecho, creo que la mentalidad de rebaño que exhiben muchas personas tiene que ver con eso de pasar desapercibidos ya que al no levantar olas, lo que intentan es controlar la propia supervivencia.
Sería muy sencillo para mi decir ahora que la solución para corregir este estado verdaderamente patético en que se encuentra la humanidad es simplemente parar de fragmentarnos y comenzar un proceso de integración y unión. Parece sencillo y quizás lo sea, todo depende de que tan intenso sea el dolor y lo adictos que seamos al mismo. Dicen por ahí que los cambios se hacen por necesidad o porque son atractivos. Sea como fuere, en este caso en particular el remedio es el mismo y puede hacerse tanto en solitario como en grupos y me refiero a procesar el dolor de la fragmentación utilizando la metodología de la democracia profunda y el trabajo de procesos creado por Arnold Mindell y sus colaboradores, tanto interna como externamente. No necesitamos entender el dolor (analizarlo), simplemente necesitamos darnos cuenta de su existencia, reconocerlo y aceptarlo como una voz más que quiere expresarse y que hemos marginado en un intento infructuoso de acallarlo y controlarlo. Se trata de volver a sentirnos íntegros, como uno solo, en mente cuerpo y espíritu. Ese es el comienzo de un viaje de exploración hacia lo que significa ser humano y verdaderamente demócrata.
El próximo paso en el viaje es abrir esa misma actitud de reconocimiento y aceptación del derecho a expresarse, ser escuchados y tomados en cuenta para que incluya también nuestro mundo externo más inmediato como nuestras familias y amistades. ¿Pueden ver por donde va la cosa? Democracia Profunda es eso, es reconocer y aceptar el derecho innato de todo lo que existe tanto dentro como fuera de nosotros, a simplemente existir en plenitud y libertad. Es un proceso, es profundo y al alcance de nuestras manos en el momento que decidamos que es hora de cambiar.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
Los conflictos son una consecuencia natural de ese dolor, asi como el deseo incontrolable de controlar tanto la vida propia como las de los demás. En un estado así se vuelve casi necesario controlar los actos, pensamientos, sentimientos y emociones, propios y ajenos. Se incluyen unos y se marginan otros en un acto desesperado para mitigar el dolor de sentirse vulnerable e indefenso ante lo que sucede en un mundo percibido como básicamente hostil y que pone en peligro la continuidad de la existencia propia. Y asi, algunas personas intentarán controlar a los demás, y otros intentarán controlarse a si mismos, tal vez para complacer a los primeros, o para pasar desapercibidos. De hecho, creo que la mentalidad de rebaño que exhiben muchas personas tiene que ver con eso de pasar desapercibidos ya que al no levantar olas, lo que intentan es controlar la propia supervivencia.
Sería muy sencillo para mi decir ahora que la solución para corregir este estado verdaderamente patético en que se encuentra la humanidad es simplemente parar de fragmentarnos y comenzar un proceso de integración y unión. Parece sencillo y quizás lo sea, todo depende de que tan intenso sea el dolor y lo adictos que seamos al mismo. Dicen por ahí que los cambios se hacen por necesidad o porque son atractivos. Sea como fuere, en este caso en particular el remedio es el mismo y puede hacerse tanto en solitario como en grupos y me refiero a procesar el dolor de la fragmentación utilizando la metodología de la democracia profunda y el trabajo de procesos creado por Arnold Mindell y sus colaboradores, tanto interna como externamente. No necesitamos entender el dolor (analizarlo), simplemente necesitamos darnos cuenta de su existencia, reconocerlo y aceptarlo como una voz más que quiere expresarse y que hemos marginado en un intento infructuoso de acallarlo y controlarlo. Se trata de volver a sentirnos íntegros, como uno solo, en mente cuerpo y espíritu. Ese es el comienzo de un viaje de exploración hacia lo que significa ser humano y verdaderamente demócrata.
El próximo paso en el viaje es abrir esa misma actitud de reconocimiento y aceptación del derecho a expresarse, ser escuchados y tomados en cuenta para que incluya también nuestro mundo externo más inmediato como nuestras familias y amistades. ¿Pueden ver por donde va la cosa? Democracia Profunda es eso, es reconocer y aceptar el derecho innato de todo lo que existe tanto dentro como fuera de nosotros, a simplemente existir en plenitud y libertad. Es un proceso, es profundo y al alcance de nuestras manos en el momento que decidamos que es hora de cambiar.
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domingo, 19 de julio de 2009
El Poder Transformador de los Conflictos
El título de este escrito es el nombre de un taller sobre conflictos que alguna vez ofrecí, pero que al igual que sucede con muchas cosas en la vida, un dia descubrí que el contenido del taller se quedaba corto en su alcance y decidí sacarlo del aire hasta que madurara un poco más (tanto el taller como yo).
El concepto de Democracia Profunda alude a una actitud de inclusión profunda, interna y externamente, aunque no es necesariamente un camino fácil de seguir. A mayor diversidad de ideas, opiniones, realidades y estados de conciencia, mayor será también el número de diferencias, divergencias y conflictos potenciales y reales. Es interesante observar como en el reino vegetal se da un fenómeno bien curioso que puede ser comparado con lo que sucede también en los grupos humanos: la alelopatía (del griego allelon = uno al otro, y pathos = sufrir efecto injurioso de uno sobre otro).
Cuando el tema de los conflictos comenzó a estudiarse en la década de los 50, el primer nombre que recibió fue el de Resolución de Conflictos y sugiere que un conflicto sólo es resuelto cuando se ofrece una solución para si mismo. Sin embargo, ningún conflicto existe en un vacío, por si mismo, y por lo tanto cualquier solución para un conflicto "en si mismo" quizás funcione a corto plazo, pero eventualmente está destinado al fracaso, es decir, se vuelve insostenible.
Pasaron los años y a partir de 1990 comienza a hablarse de Transformación de Conflictos, término que sugiere que cuando las partes en conflicto deciden afrontarlo positivamente, las partes se transforman y con ellas el conflicto.
Podría decirse que una de la grandes diferencias entre esos dos términos es que la Resolución se enfoca en el resultado, mientras que la Transformación hace hincapié en el proceso. También podría decirse que la Democracia Profunda tiende hacia la Transformación de Conflictos y por lo tanto, enfatiza la importancia del proceso.
Para Arnold Mindell, Proceso es "el flujo de comunicación abierta y oculta dentro de un individuo, familia, grupo, cultura o entorno. Esto incluye sentimientos inexpresables, sueños y experiencias espirituales". Otra definición que me gusta es la de Allan Kaplan, quien dice que "El proceso es el todo en el cual ocurren momentos individuales. El está subyacente, al mismo tiempo que emerge de las partes, y es invisible... Más que aquello que es simplemente visto, es lo que es sentido, vivido, comprendido, intuído de aquello que se ve.”
Cuando uno estudia Facilitación de Procesos Grupales, una de las cosas sobre la que se hace hincapié, es en confiar en el proceso. Tener confianza en el proceso es en extremo importante porque a veces el resultado de la interacción de ideas, emociones y realidades diferentes parece no tener ni pié ni cabeza, parece algo caótico y sin salida aparente. Pero como dice Mindell, "Al explorar los problemas de poder en las relaciones personales y en los grupos, los facilitadores se adentran en lo desconocido. Nunca se puede saber por adelantado adonde conducen los problemas. Seguir lo desconocido es lo que alimenta una comunidad sostenible... Un proceso no es ni bueno ni malo, ni tiene éxito ni es un fracaso... es algo impredecible y desconocido. A donde se supone que la naturaleza nos envía a cada momento es algo que no sabemos. Sólo las señales que la naturaleza nos envía a cada momento se pueden descifrar, pero no su propósito último."
Asi, cualquier persona y/o grupo que experimente lo que significa Democracia Profunda se transformará y ya nunca será el mismo, ni mejor ni peor, simplemente diferente, más auténtico y en contacto consigo mismo.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
El concepto de Democracia Profunda alude a una actitud de inclusión profunda, interna y externamente, aunque no es necesariamente un camino fácil de seguir. A mayor diversidad de ideas, opiniones, realidades y estados de conciencia, mayor será también el número de diferencias, divergencias y conflictos potenciales y reales. Es interesante observar como en el reino vegetal se da un fenómeno bien curioso que puede ser comparado con lo que sucede también en los grupos humanos: la alelopatía (del griego allelon = uno al otro, y pathos = sufrir efecto injurioso de uno sobre otro).
Cuando el tema de los conflictos comenzó a estudiarse en la década de los 50, el primer nombre que recibió fue el de Resolución de Conflictos y sugiere que un conflicto sólo es resuelto cuando se ofrece una solución para si mismo. Sin embargo, ningún conflicto existe en un vacío, por si mismo, y por lo tanto cualquier solución para un conflicto "en si mismo" quizás funcione a corto plazo, pero eventualmente está destinado al fracaso, es decir, se vuelve insostenible.
Pasaron los años y a partir de 1990 comienza a hablarse de Transformación de Conflictos, término que sugiere que cuando las partes en conflicto deciden afrontarlo positivamente, las partes se transforman y con ellas el conflicto.
Podría decirse que una de la grandes diferencias entre esos dos términos es que la Resolución se enfoca en el resultado, mientras que la Transformación hace hincapié en el proceso. También podría decirse que la Democracia Profunda tiende hacia la Transformación de Conflictos y por lo tanto, enfatiza la importancia del proceso.
Para Arnold Mindell, Proceso es "el flujo de comunicación abierta y oculta dentro de un individuo, familia, grupo, cultura o entorno. Esto incluye sentimientos inexpresables, sueños y experiencias espirituales". Otra definición que me gusta es la de Allan Kaplan, quien dice que "El proceso es el todo en el cual ocurren momentos individuales. El está subyacente, al mismo tiempo que emerge de las partes, y es invisible... Más que aquello que es simplemente visto, es lo que es sentido, vivido, comprendido, intuído de aquello que se ve.”
Cuando uno estudia Facilitación de Procesos Grupales, una de las cosas sobre la que se hace hincapié, es en confiar en el proceso. Tener confianza en el proceso es en extremo importante porque a veces el resultado de la interacción de ideas, emociones y realidades diferentes parece no tener ni pié ni cabeza, parece algo caótico y sin salida aparente. Pero como dice Mindell, "Al explorar los problemas de poder en las relaciones personales y en los grupos, los facilitadores se adentran en lo desconocido. Nunca se puede saber por adelantado adonde conducen los problemas. Seguir lo desconocido es lo que alimenta una comunidad sostenible... Un proceso no es ni bueno ni malo, ni tiene éxito ni es un fracaso... es algo impredecible y desconocido. A donde se supone que la naturaleza nos envía a cada momento es algo que no sabemos. Sólo las señales que la naturaleza nos envía a cada momento se pueden descifrar, pero no su propósito último."
Asi, cualquier persona y/o grupo que experimente lo que significa Democracia Profunda se transformará y ya nunca será el mismo, ni mejor ni peor, simplemente diferente, más auténtico y en contacto consigo mismo.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
lunes, 2 de febrero de 2009
Mayoría, Minoría y Marginalidad
Etimológicamente, la palabra marginalidad viene del Latín 'margin-margo' que significa borde o límite. Socioculturalmente, marginalidad obtiene su significado dependiendo de la perspectiva con que se la vea. Desde el punto de vista de la corriente mayoritaria, los grupos marginales pueden ser percibidos como negativos, ajenos y amenazantes. Más aún, la corriente mayoritaria les asigna a estos grupos marginales adjetivos peyorativos atribuyéndoles connotaciones de inferioridad e insignificancia y en consecuencia, la marginalidad se asocia con experiencias negativas de victimización y sufrimiento como resultado de la opresión y discriminación por parte del grupo dominante. A pesar de lo anterior, es curioso observar como los grupos marginados pueden percibir a la corriente mayoritaria también como negativos, ajenos y amenazantes, compartiendo así toda una gama de emocionalidad con quienes perciben como opresores.
Cuando hablo de marginalidad, me estoy refiriendo a todas las áreas del quehacer humano donde es posible que exista la marginación. ¿Quién no se ha sentido alguna vez marginado(a)? Por cuestiones socioeconómicas, color de la piel, nacionalidad, religión, género, edad, orientación sexual, estilo de comunicación, ideología, inteligencia, salud, visión de mundo y tantas otras.
Hemos internalizado tanto el paradigma de la democracia formal, convencional, clásica, o como se la quiera llamar, que en cualquier área de nuestras vidas nos parece normal que sea la mayoría la que 'gane'. ¿Y qué significa ganar? ¿Que quien gane tiene la razón? ¿Y qué pasa con la minoría? Bueno, tradicionalmente la minoría pasa a ser un grupo marginado y excluído, lo cual quiere decir que en mayor o menor medida (depende del contexto) el paradigma democrático tradicional es uno de los principales gestores de marginación y exclusión social y sicológica, con todo lo que eso implica. Incluso en algunos contextos la minoría es en realidad mayoría, solo que las 'reglas democráticas' deciden lo contrario. Y esto, o nos parece normal, o simplemente no lo hemos procesado en su totalidad, profundamente y a conciencia, sedados por la fuerza del hábito cultural.
A diferencia del paradigma anterior, la democracia profunda, conciente de la vasta marginalidad y exclusión existente en la sociedad humana, nos presenta una visión donde abundan los espacios para el diálogo, donde mayorías y minorías son consideradas igualmente necesarias para el bienestar colectivo e individual, donde se tiene bien claro que no se trata de incluir a unos y excluir a otros, que aceptar e incluir la gran diversidad existente de opiniones, estados de conciencia y realidades nos acerca más a un estado de integridad y creatividad capaz de impulsar exponencialmente nuestro desarrollo como sociedad.
La democracia profunda nos invita a ver la vida con otros ojos y con valentía porque muchas veces no es fácil cuestionarnos el modelo del mundo que consideramos verdadero, nuestra identidad y espacios de poder. Siempre ha resultado mucho más fácil cuestionar los paradigmas de los demás porque los propios son invisibles a nuestros ojos. La democracia profunda es una invitación a expandir los límites de nuestra identidad y en consecuencia de lo que es posible.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
Cuando hablo de marginalidad, me estoy refiriendo a todas las áreas del quehacer humano donde es posible que exista la marginación. ¿Quién no se ha sentido alguna vez marginado(a)? Por cuestiones socioeconómicas, color de la piel, nacionalidad, religión, género, edad, orientación sexual, estilo de comunicación, ideología, inteligencia, salud, visión de mundo y tantas otras.
Hemos internalizado tanto el paradigma de la democracia formal, convencional, clásica, o como se la quiera llamar, que en cualquier área de nuestras vidas nos parece normal que sea la mayoría la que 'gane'. ¿Y qué significa ganar? ¿Que quien gane tiene la razón? ¿Y qué pasa con la minoría? Bueno, tradicionalmente la minoría pasa a ser un grupo marginado y excluído, lo cual quiere decir que en mayor o menor medida (depende del contexto) el paradigma democrático tradicional es uno de los principales gestores de marginación y exclusión social y sicológica, con todo lo que eso implica. Incluso en algunos contextos la minoría es en realidad mayoría, solo que las 'reglas democráticas' deciden lo contrario. Y esto, o nos parece normal, o simplemente no lo hemos procesado en su totalidad, profundamente y a conciencia, sedados por la fuerza del hábito cultural.
A diferencia del paradigma anterior, la democracia profunda, conciente de la vasta marginalidad y exclusión existente en la sociedad humana, nos presenta una visión donde abundan los espacios para el diálogo, donde mayorías y minorías son consideradas igualmente necesarias para el bienestar colectivo e individual, donde se tiene bien claro que no se trata de incluir a unos y excluir a otros, que aceptar e incluir la gran diversidad existente de opiniones, estados de conciencia y realidades nos acerca más a un estado de integridad y creatividad capaz de impulsar exponencialmente nuestro desarrollo como sociedad.
La democracia profunda nos invita a ver la vida con otros ojos y con valentía porque muchas veces no es fácil cuestionarnos el modelo del mundo que consideramos verdadero, nuestra identidad y espacios de poder. Siempre ha resultado mucho más fácil cuestionar los paradigmas de los demás porque los propios son invisibles a nuestros ojos. La democracia profunda es una invitación a expandir los límites de nuestra identidad y en consecuencia de lo que es posible.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
jueves, 15 de enero de 2009
Teoría de Roles
"Más allá del bien y el mal hay un campo, allí te encontraré" - Rumi
La democracia profunda es como la frase del poeta persa Rumi, es algo que existe libremente más allá del dogmatismo impuesto por las camisas de fuerza de las ideologías. Claro que también podría decir que es como una pizza a la leña... se cocina en el fuego intenso del diálogo interno y social y el resultado es sabrosísimo.
Hablando en serio, hoy quiero escribir sobre Roles y su importancia para la práctica de la democracia profunda.
El sociólogo Peter Berger definió un rol como "una respuesta tipificada a una situación tipificada". Usando la analogía de roles y la actuación en teatro, dice que la sociedad proporciona el guión y los actores actuan los roles que les han sido asignados. Los roles están cargados de emociones, comportamientos y actitudes y una vez que las personas están en un rol, comienzan a llevar consigo esas características con todas las demás características de su identidad personal. Ralph Linton, uno de los creadores de la Teoría de Roles, definía el estatus como una "colección de deberes y derechos" y el rol como "el aspecto dinámico del estatus". Según Linton, cuando una persona pone en acción los deberes y derechos que constituyen su estatus, está actuando un rol.
De acuerdo a la teoría de roles, el comportamiento de las personas puede ser descrito y explicado en términos de sus roles. Dicho de otra manera, un rol determinado define como debería actuar una persona. Así tenemos que socialmente existe una amplia variedad de roles: familiares (padre, madre, hijos, etc), profesionales (médico, abogado, maestra, etc), sicológicos (víctima y victimario), políticos (oficialista y oposición) y así por el estilo. Por cierto, en el escrito anterior hacía mención al liderazgo. Bueno, líder es también un rol.
Es altamente probable que casi siempre estemos personificando (actuando) un rol determinado y constantemente cambiamos de rol dependiendo de la situación en la que nos encontremos. Así, un encuentro grupal podría describirse también como una reunión de roles. La cosa se pone interesante cuando ocupamos roles sin saber que estamos en un rol y no en nuestra propia identidad; en esos casos podemos ser percibidos por los demás como agentes perturbadores. Por ejemplo, un grupo con una fuerte identidad de pacíficos y tolerantes, puede tener dificultad al ver que algunas personas persiguen sus objetivos de una manera que parece agresiva. Hay un rol con el que nadie quiere identificarse: el causante de conflictos. Puede ser un acto de valentía y compasión para un individuo notar que está siendo violento en su búsqueda de la paz y representar ese rol con conciencia. Lo que originalmente parecía violencia en el grupo, puede revelarse como pasión, energía o desesperación. Esta información puede entonces estar disponible a otros miembros del grupo y el grupo como un todo puede usar esta información para crecer y ser más flexible en vez de dividirse por un reto no encarado a su identidad. Aqui quiero hacer notar que aunque estoy hablando de grupos, la idea es extensible a otros ambientes más amplios como un país completo, por ejemplo.
La interacción entre la mayor cantidad posible de roles a través del diálogo es una de las prácticas más importantes de la democracia profunda. Sin embargo, lo realmente interesante y extremadamente profundo es cuando el diálogo ya no se da entre los roles, sino directamente entre las personas que los encarnan. Ese es el campo de encuentro más allá del bien y el mal del que habla Rumi. Absolutamente transformador.
La democracia profunda es como la frase del poeta persa Rumi, es algo que existe libremente más allá del dogmatismo impuesto por las camisas de fuerza de las ideologías. Claro que también podría decir que es como una pizza a la leña... se cocina en el fuego intenso del diálogo interno y social y el resultado es sabrosísimo.
Hablando en serio, hoy quiero escribir sobre Roles y su importancia para la práctica de la democracia profunda.
El sociólogo Peter Berger definió un rol como "una respuesta tipificada a una situación tipificada". Usando la analogía de roles y la actuación en teatro, dice que la sociedad proporciona el guión y los actores actuan los roles que les han sido asignados. Los roles están cargados de emociones, comportamientos y actitudes y una vez que las personas están en un rol, comienzan a llevar consigo esas características con todas las demás características de su identidad personal. Ralph Linton, uno de los creadores de la Teoría de Roles, definía el estatus como una "colección de deberes y derechos" y el rol como "el aspecto dinámico del estatus". Según Linton, cuando una persona pone en acción los deberes y derechos que constituyen su estatus, está actuando un rol.
De acuerdo a la teoría de roles, el comportamiento de las personas puede ser descrito y explicado en términos de sus roles. Dicho de otra manera, un rol determinado define como debería actuar una persona. Así tenemos que socialmente existe una amplia variedad de roles: familiares (padre, madre, hijos, etc), profesionales (médico, abogado, maestra, etc), sicológicos (víctima y victimario), políticos (oficialista y oposición) y así por el estilo. Por cierto, en el escrito anterior hacía mención al liderazgo. Bueno, líder es también un rol.
Es altamente probable que casi siempre estemos personificando (actuando) un rol determinado y constantemente cambiamos de rol dependiendo de la situación en la que nos encontremos. Así, un encuentro grupal podría describirse también como una reunión de roles. La cosa se pone interesante cuando ocupamos roles sin saber que estamos en un rol y no en nuestra propia identidad; en esos casos podemos ser percibidos por los demás como agentes perturbadores. Por ejemplo, un grupo con una fuerte identidad de pacíficos y tolerantes, puede tener dificultad al ver que algunas personas persiguen sus objetivos de una manera que parece agresiva. Hay un rol con el que nadie quiere identificarse: el causante de conflictos. Puede ser un acto de valentía y compasión para un individuo notar que está siendo violento en su búsqueda de la paz y representar ese rol con conciencia. Lo que originalmente parecía violencia en el grupo, puede revelarse como pasión, energía o desesperación. Esta información puede entonces estar disponible a otros miembros del grupo y el grupo como un todo puede usar esta información para crecer y ser más flexible en vez de dividirse por un reto no encarado a su identidad. Aqui quiero hacer notar que aunque estoy hablando de grupos, la idea es extensible a otros ambientes más amplios como un país completo, por ejemplo.
La interacción entre la mayor cantidad posible de roles a través del diálogo es una de las prácticas más importantes de la democracia profunda. Sin embargo, lo realmente interesante y extremadamente profundo es cuando el diálogo ya no se da entre los roles, sino directamente entre las personas que los encarnan. Ese es el campo de encuentro más allá del bien y el mal del que habla Rumi. Absolutamente transformador.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
NOTA: puede leer más sobre roles en este mismo blog en el escrito "Aqui se Hace lo que Digo Yo y Punto!" de diciembre de 2009.
martes, 13 de enero de 2009
Liderazgo Distribuído y Sistemas Auto-organizados
La democracia profunda exige liderazgo, pero no el liderazgo mesiánico y heróico al que estamos acostumbrados, sino el liderazgo del 'ciudadano de a pié', el liderazgo que proviene de conocerse a uno mismo, de ser congruente en los fines y los medios, y de afrontar los retos diarios en sus contextos con integridad por pequeños que estos sean. Visto de esa manera, todos podemos ser líderes y al serlo, podemos pasar de un modelo social piramidal (y feudal) a uno circular y horizontal.
¿De dónde viene la idea que dice que el poder debe venir de arriba hacia abajo? ¿De dónde que las decisiones que conciernen a muchos las tomen unos pocos? ¿Quién dice que eso debe ser así? ¿No será que es algo que hemos venido haciendo desde hace mucho tiempo sin saber exactamente por qué?
Actualmente existen muchos enfoques diferentes sobre el tema del liderazgo. No quiero entrar en detalles sobre eso, pero si quiero decir que el mero concepto de liderazgo está sobrevaluado y asi como dicen que el momento más oscuro es antes del amanecer, creo que el liderazgo tradicional está dando sus últimas patadas de ahogado y haciendo mucho ruido antes del nacimiento de un nuevo modelo de organización social.
Ese nuevo modelo del que hablo utiliza, más que liderazgo, el empoderamiento (con poder) personal para ayudar a decidir el rumbo presente y futuro de la sociedad de forma colectiva. Sin embargo, empoderarse significa también abrirse a otros estados del ser, sicológica y emocionalmente, para incorporar dentro de si la capacidad de ser conciente de todas las voces queriendo manifestarse en cualquier momento de interacción social. Darle cabida a esas voces es democracia profunda y ya no necesitaremos a un líder que nos diga cuál voz escuchar y cuál no porque tendremos plena conciencia que todas son importantes y necesarias para el bienestar colectivo.
Una sociedad con esas características se volvería más compleja y adaptable a los cambios, más auto-organizada, sin un control central sino bastante descentralizado donde los ciudadanos son concientes de la interconexión entre si y saben que el éxito personal depende del éxito colectivo y el éxito colectivo depende del éxito personal.
Un ejemplo de lo que digo son las organizaciones caórdicas (caos + orden), término acuñado por Dee Hock, fundador de VISA.
"He aquí los principios de Hock para dichas organizaciones:
- El poder y las competencias deben estar distribuidas en la mayor medida posibles. Ninguna función que pueda ser desempeñada por una unidad periférica debe ser desempeñada por una parte central de la organización. Ningún poder debe ser conferido a una división mayor que pueda ser ejercido razonablemente por un departamento más pequeño.
- El sistema debe auto-organizarse. Todos los participantes deben tener el derecho de organizar un auto-gobierno en cualquier momento, por cualquier circunstancia y a cualquier escala, con derechos irrevocables de participación de dicho auto-gobierno en entidades de nivel superior.
- El gobierno debe ser distribuido. Ningún individuo, institución o combinación de ambos debe dominar las deliberaciones ni controlar las decisiones a ningún nivel.
- Debe combinarse cooperación y competición. Todas las partes deben ser libres de competir de forma única e independiente, pero asi mismo estar unidas de forma que sean sensibles a las necesidades de otras partes, dejando a un lado el interés propio y cooperando cuando ello sea necesario para el bien del conjunto.
- Debe ser infinitamente maleable y al mismo tiempo extremadamente duradera. Debe ser capaz de auto-generar constantes cambios de forma y funciones, sin sacrificar su propósito esencial, su naturaleza ni sus principios.
- Su propiedad debe ser cooperativa y equitativa. Todas las partes afectadas deben ser elegibles para participar en funciones de gobierno y administración."
(fuente:http://www.lapastillaroja.net/archives/001412.html)
Defino la Política (en mayúsculas) como el arte de organizarse socialmente. Forma parte de lo social de la misma forma que la Salud y la Educación y por lo tanto muchas de las decisiones que tomamos en el dia a dia son decisiones políticas sin que seamos plenamente concientes de ello. La Política es patrimonio de todos y la democracia profunda una forma de apropiarnos concientemente de ella.
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¿De dónde viene la idea que dice que el poder debe venir de arriba hacia abajo? ¿De dónde que las decisiones que conciernen a muchos las tomen unos pocos? ¿Quién dice que eso debe ser así? ¿No será que es algo que hemos venido haciendo desde hace mucho tiempo sin saber exactamente por qué?
Actualmente existen muchos enfoques diferentes sobre el tema del liderazgo. No quiero entrar en detalles sobre eso, pero si quiero decir que el mero concepto de liderazgo está sobrevaluado y asi como dicen que el momento más oscuro es antes del amanecer, creo que el liderazgo tradicional está dando sus últimas patadas de ahogado y haciendo mucho ruido antes del nacimiento de un nuevo modelo de organización social.
Ese nuevo modelo del que hablo utiliza, más que liderazgo, el empoderamiento (con poder) personal para ayudar a decidir el rumbo presente y futuro de la sociedad de forma colectiva. Sin embargo, empoderarse significa también abrirse a otros estados del ser, sicológica y emocionalmente, para incorporar dentro de si la capacidad de ser conciente de todas las voces queriendo manifestarse en cualquier momento de interacción social. Darle cabida a esas voces es democracia profunda y ya no necesitaremos a un líder que nos diga cuál voz escuchar y cuál no porque tendremos plena conciencia que todas son importantes y necesarias para el bienestar colectivo.
Una sociedad con esas características se volvería más compleja y adaptable a los cambios, más auto-organizada, sin un control central sino bastante descentralizado donde los ciudadanos son concientes de la interconexión entre si y saben que el éxito personal depende del éxito colectivo y el éxito colectivo depende del éxito personal.
Un ejemplo de lo que digo son las organizaciones caórdicas (caos + orden), término acuñado por Dee Hock, fundador de VISA.
"He aquí los principios de Hock para dichas organizaciones:
- El poder y las competencias deben estar distribuidas en la mayor medida posibles. Ninguna función que pueda ser desempeñada por una unidad periférica debe ser desempeñada por una parte central de la organización. Ningún poder debe ser conferido a una división mayor que pueda ser ejercido razonablemente por un departamento más pequeño.
- El sistema debe auto-organizarse. Todos los participantes deben tener el derecho de organizar un auto-gobierno en cualquier momento, por cualquier circunstancia y a cualquier escala, con derechos irrevocables de participación de dicho auto-gobierno en entidades de nivel superior.
- El gobierno debe ser distribuido. Ningún individuo, institución o combinación de ambos debe dominar las deliberaciones ni controlar las decisiones a ningún nivel.
- Debe combinarse cooperación y competición. Todas las partes deben ser libres de competir de forma única e independiente, pero asi mismo estar unidas de forma que sean sensibles a las necesidades de otras partes, dejando a un lado el interés propio y cooperando cuando ello sea necesario para el bien del conjunto.
- Debe ser infinitamente maleable y al mismo tiempo extremadamente duradera. Debe ser capaz de auto-generar constantes cambios de forma y funciones, sin sacrificar su propósito esencial, su naturaleza ni sus principios.
- Su propiedad debe ser cooperativa y equitativa. Todas las partes afectadas deben ser elegibles para participar en funciones de gobierno y administración."
(fuente:http://www.lapastillaroja.net/archives/001412.html)
Defino la Política (en mayúsculas) como el arte de organizarse socialmente. Forma parte de lo social de la misma forma que la Salud y la Educación y por lo tanto muchas de las decisiones que tomamos en el dia a dia son decisiones políticas sin que seamos plenamente concientes de ello. La Política es patrimonio de todos y la democracia profunda una forma de apropiarnos concientemente de ella.
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miércoles, 10 de diciembre de 2008
Bordes
En el escrito anterior decía que la democracia profunda era más que nada una actitud de inclusión profunda y también comentaba la importancia del trabajo con grupos para practicar esa actitud. Sin embargo, personalmente no creo que una actitud pueda enseñarse y como bien lo sabe quien ha sido profesor(a) de algo, alguien entiende o no entiende, pero el entendimiento no se puede forzar. Y precisamente porque el entendimiento es algo que no se puede forzar, lo único que podemos hacer es intentar pavimentar la via, haciéndola más fácil para que en el momento apropiado a cada quien, la comprensión llegue y con ella, el cambio hacia una actitud de democracia profunda.
En los grupos, pavimentar la via tiene que ver con establecer métodos participativos e inclusivos en sus procesos internos, en "cómo el grupo trabaja junto, cómo sus miembros se comunican los unos con los otros, cómo identifican y resuelven sus problemas, cómo toman sus decisiones y cómo lidian con sus conflictos" (aunque a decir verdad, eso no solo funciona para grupos sino para personas individuales, como tu o como yo).
Uno de los términos que maneja la democracia profunda es el Borde. Para entenderlo, regresemos en la historia algunos siglos e imaginemos que el mundo es plano y que aquello que vemos hasta el horizonte es lo que nos es conocido, nuestras creencias, nuestra identidad y todo aquello que nos hace sentir cómodos y seguros. Y luego está el borde, el límite aparente de nuestra comodidad y seguridad. Más allá del borde está lo desconocido o simplemente todo aquello que creemos que no somos, con lo que no nos identificamos y que nos hace sentir incómodos. Pues bien, tanto grupos como individuos, vivimos nuestras vidas excluyendo y marginando todo lo que está más allá de nuestros bordes, llegando incluso a establecer toda clase de reglas y normativas que nos permitan mantener a raya eso que nos incomoda y que mantenemos fuera de nuestra conciencia como si fueran tabúes.
En general todos tenemos bordes, todos tenemos algo que nos incomoda pensar, decir, preguntar, hacer, sentir, pedir, porque de hacerlo y conseguirlo estaríamos pisando terrenos desconocidos. Pero resulta que algunos siglos más tarde descubrimos que la tierra no es plana sino redonda y que podemos adentrarnos más allá de nuestros bordes y explorar mundos nuevos. Grupos e individuos excluímos y marginamos todo lo que nos aparta de nuestra zona de comodidad. Sin embargo, grupos e individuos somos mucho más que esos espacios reducidos de comodidad, de creencias e ideologías, y por consiguiente una actitud de democracia profunda intentaría buscar las maneras de incluir lo marginado, aquello que siendo parte de nosotros mismos, excluímos por las razones que fuera, para volver a sentirnos íntegros. La cuestión está en tener el valor de explorar los bordes y adentrarse en ellos porque de lo contrario las sociedades seguirán creando excluídos y marginados sin darnos cuenta que la exclusión y la marginación la llevamos por dentro.
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
En los grupos, pavimentar la via tiene que ver con establecer métodos participativos e inclusivos en sus procesos internos, en "cómo el grupo trabaja junto, cómo sus miembros se comunican los unos con los otros, cómo identifican y resuelven sus problemas, cómo toman sus decisiones y cómo lidian con sus conflictos" (aunque a decir verdad, eso no solo funciona para grupos sino para personas individuales, como tu o como yo).
Uno de los términos que maneja la democracia profunda es el Borde. Para entenderlo, regresemos en la historia algunos siglos e imaginemos que el mundo es plano y que aquello que vemos hasta el horizonte es lo que nos es conocido, nuestras creencias, nuestra identidad y todo aquello que nos hace sentir cómodos y seguros. Y luego está el borde, el límite aparente de nuestra comodidad y seguridad. Más allá del borde está lo desconocido o simplemente todo aquello que creemos que no somos, con lo que no nos identificamos y que nos hace sentir incómodos. Pues bien, tanto grupos como individuos, vivimos nuestras vidas excluyendo y marginando todo lo que está más allá de nuestros bordes, llegando incluso a establecer toda clase de reglas y normativas que nos permitan mantener a raya eso que nos incomoda y que mantenemos fuera de nuestra conciencia como si fueran tabúes.
En general todos tenemos bordes, todos tenemos algo que nos incomoda pensar, decir, preguntar, hacer, sentir, pedir, porque de hacerlo y conseguirlo estaríamos pisando terrenos desconocidos. Pero resulta que algunos siglos más tarde descubrimos que la tierra no es plana sino redonda y que podemos adentrarnos más allá de nuestros bordes y explorar mundos nuevos. Grupos e individuos excluímos y marginamos todo lo que nos aparta de nuestra zona de comodidad. Sin embargo, grupos e individuos somos mucho más que esos espacios reducidos de comodidad, de creencias e ideologías, y por consiguiente una actitud de democracia profunda intentaría buscar las maneras de incluir lo marginado, aquello que siendo parte de nosotros mismos, excluímos por las razones que fuera, para volver a sentirnos íntegros. La cuestión está en tener el valor de explorar los bordes y adentrarse en ellos porque de lo contrario las sociedades seguirán creando excluídos y marginados sin darnos cuenta que la exclusión y la marginación la llevamos por dentro.
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jueves, 27 de noviembre de 2008
Más Sobre Democracia Profunda (2)
Arnold Mindell acuñó el término democracia profunda para referirse al "sentimiento especial de creer en la importancia inherente de todas las partes de nosotros mismos y todos los puntos de vista en el mundo a nuestro alrededor... La democracia profunda es nuestro sentido de que el mundo está aqui para ayudarnos a convertirnos en seres completos y que estamos aqui para ayudar al mundo a ser más íntegro".
Al contrario de la democracia "clásica" que se enfoca en el gobierno de la mayoría, la democracia profunda sugiere que todas las voces, estados de conciencia y marcos de realidad son importantes, porque la información contenida en esas voces, conciencias y marcos de realidad son todas necesarias para entender el proceso total del sistema.
Según Mindell, "Para que las organizaciones, comunidades y naciones tengan éxito hoy y sobrevivan al mañana, deben ser profundamente democráticas, es decir, cada persona y cada sentimiento debe estar representado. La democracia profunda es darnos cuenta y tomar conciencia de la diversidad de personas, roles y sentimientos que existen sobre cualquier tema. Cuando se nos pide que nos demos cuenta de y valoremos nuestras experiencias internas más profundas, casi cualquier grupo o situación global inmediatamente se vuelve diferente y manejable."
En su forma ideal, una actitud profundamente democrática abrazaría todo lo que sucede o podría suceder en la vida de un grupo. Esto puede incluir todos los posibles puntos de vista sobre un tema, los estados emocionales presentes, las polaridades y los elementos perturbadores y divergentes.
La ecología nos enseña que mientras más diverso sea un ecosistema, más fuerte y resistente es. Lo mismo sucede con los grupos humanos. Mientras más diversidad exista en un grupo, este se torna más creativo, resistente y fuerte, y tenderá a buscar formas más inclusivas para relacionarse y ser.
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Al contrario de la democracia "clásica" que se enfoca en el gobierno de la mayoría, la democracia profunda sugiere que todas las voces, estados de conciencia y marcos de realidad son importantes, porque la información contenida en esas voces, conciencias y marcos de realidad son todas necesarias para entender el proceso total del sistema.
Según Mindell, "Para que las organizaciones, comunidades y naciones tengan éxito hoy y sobrevivan al mañana, deben ser profundamente democráticas, es decir, cada persona y cada sentimiento debe estar representado. La democracia profunda es darnos cuenta y tomar conciencia de la diversidad de personas, roles y sentimientos que existen sobre cualquier tema. Cuando se nos pide que nos demos cuenta de y valoremos nuestras experiencias internas más profundas, casi cualquier grupo o situación global inmediatamente se vuelve diferente y manejable."
En su forma ideal, una actitud profundamente democrática abrazaría todo lo que sucede o podría suceder en la vida de un grupo. Esto puede incluir todos los posibles puntos de vista sobre un tema, los estados emocionales presentes, las polaridades y los elementos perturbadores y divergentes.
La ecología nos enseña que mientras más diverso sea un ecosistema, más fuerte y resistente es. Lo mismo sucede con los grupos humanos. Mientras más diversidad exista en un grupo, este se torna más creativo, resistente y fuerte, y tenderá a buscar formas más inclusivas para relacionarse y ser.
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martes, 23 de septiembre de 2008
Más sobre Democracia Profunda
Ultimamente he notado un creciente interés por el concepto de Democracia Profunda, de manera que decidí copiar extractos de un excelente escrito de Patricia Wilson sobre el tema.
"¿Qué sucede cuando tomas las herramientas del diálogo, el pensamiento sistémico, comunidades con voluntad y ganas de aprender, la presencia y el cambio profundo y las aplicas al compromiso cívico? El resultado es la democracia profunda, un principio organizativo basado en la transformación de un estado de separación a uno de interconexión en el ámbito cívico. La democracia profunda no es lo que hacen los funcionarios electos, ni los expertos, ni las instituciones públicas, ni los votantes. En su esencia, la democracia profunda es la experiencia interna de la interconexión."
"Para el individuo, la democracia profunda es la emancipación de si mismo en mente, corazón y espíritu: es darse cuenta que "yo importo". Es el ejercicio de su membresía en el todo, la aceptación de su responsabilidad por ese todo y el deseo de actuar por el bien del todo: es darse cuenta que "me importa". Desde una perspectiva sistémica, la democracia profunda es un sistema dinámico abierto que surge de los diversos puntos de compromiso donde los individuos y la comunidad se juntan. No privilegia al individuo, ni impone valores colectivos. Es el punto de tensión creativa entre el individuo y la comunidad que se mantiene por la transformación del ser a través de un mayor entendimiento, compasión y relación con un círculo más amplio de otros."
"La democracia profunda comienza con la práctica del diálogo cívico, donde uno comienza a escuchar y conocer al otro a través del contexto del otro y a reconocer y expandir el contexto de uno mismo. Del diálogo cívico pasa a un "conocer" cívico, aprender y sentir en comunidad; luego pasa a la "voluntad" cívica, imaginar y presenciar al todo que quiere surgir; luego pasa a la "manifestación" cívica, el proceso co-creativo de hacer visible lo invisible. Finalmente, a través de la renovación y la reflexión, el ciclo retorna, sin ningún orden específico, al diálogo cívico. El resultado final es conciencia participativa, el sentido de unidad, manifestada en el reino de lo visible."
"Muchos de nosotros hemos experimentado momentos de conciencia participativa en un grupo que de repente se encontró como en la misma onda, en sincronía, creando sin esfuerzo o conectándose entre si en cálido silencio. La democracia profunda es un patrón de esos momentos. A través de pequeños actos diarios, las acciones repetitivas se convierten en "hábitos" que crecen como nuevos patrones culturales de interacción. La democracia profunda no será creada por un plan maestro, por expertos ni representantes del gobierno, sino por los pequeños actos de compromiso diarios. Imaginen como los siguientes tres hábitos pudieran construir la base de la democracia profunda si formasen parte integral de nuestra cultura:
- el hábito de escuchar y entender al "otro" antes de tomar una posición
- el hábito de reflexionar sobre y descubrir nuestros propios valores y suposiciones
- el hábito de sentir juntos el futuro emergente del organismo como un todo"
democraciaprofunda (arroba) gmail.com
"¿Qué sucede cuando tomas las herramientas del diálogo, el pensamiento sistémico, comunidades con voluntad y ganas de aprender, la presencia y el cambio profundo y las aplicas al compromiso cívico? El resultado es la democracia profunda, un principio organizativo basado en la transformación de un estado de separación a uno de interconexión en el ámbito cívico. La democracia profunda no es lo que hacen los funcionarios electos, ni los expertos, ni las instituciones públicas, ni los votantes. En su esencia, la democracia profunda es la experiencia interna de la interconexión."
"Para el individuo, la democracia profunda es la emancipación de si mismo en mente, corazón y espíritu: es darse cuenta que "yo importo". Es el ejercicio de su membresía en el todo, la aceptación de su responsabilidad por ese todo y el deseo de actuar por el bien del todo: es darse cuenta que "me importa". Desde una perspectiva sistémica, la democracia profunda es un sistema dinámico abierto que surge de los diversos puntos de compromiso donde los individuos y la comunidad se juntan. No privilegia al individuo, ni impone valores colectivos. Es el punto de tensión creativa entre el individuo y la comunidad que se mantiene por la transformación del ser a través de un mayor entendimiento, compasión y relación con un círculo más amplio de otros."
"La democracia profunda comienza con la práctica del diálogo cívico, donde uno comienza a escuchar y conocer al otro a través del contexto del otro y a reconocer y expandir el contexto de uno mismo. Del diálogo cívico pasa a un "conocer" cívico, aprender y sentir en comunidad; luego pasa a la "voluntad" cívica, imaginar y presenciar al todo que quiere surgir; luego pasa a la "manifestación" cívica, el proceso co-creativo de hacer visible lo invisible. Finalmente, a través de la renovación y la reflexión, el ciclo retorna, sin ningún orden específico, al diálogo cívico. El resultado final es conciencia participativa, el sentido de unidad, manifestada en el reino de lo visible."
"Muchos de nosotros hemos experimentado momentos de conciencia participativa en un grupo que de repente se encontró como en la misma onda, en sincronía, creando sin esfuerzo o conectándose entre si en cálido silencio. La democracia profunda es un patrón de esos momentos. A través de pequeños actos diarios, las acciones repetitivas se convierten en "hábitos" que crecen como nuevos patrones culturales de interacción. La democracia profunda no será creada por un plan maestro, por expertos ni representantes del gobierno, sino por los pequeños actos de compromiso diarios. Imaginen como los siguientes tres hábitos pudieran construir la base de la democracia profunda si formasen parte integral de nuestra cultura:
- el hábito de escuchar y entender al "otro" antes de tomar una posición
- el hábito de reflexionar sobre y descubrir nuestros propios valores y suposiciones
- el hábito de sentir juntos el futuro emergente del organismo como un todo"
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